Desarrollo urbanístico, con la mira hacía el futuro

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El desarrollo urbanístico consiste en la planeación, gestión y organización de un sistema espacial que integra infraestructuras y modelos urbanos.  Para llevarlo a cabo es necesario conocer las condiciones geográficas y demográficas de dicho espacio, las normas y leyes de construcción establecidas, y los modelos sociales y económicos presentes en dicha población.

El establecimiento y cumplimiento de normas que rigen el desarrollo urbanístico son una de los principales funciones de los gobiernos, por lo que a su vez se convierten en una forma de poder. Este sistema se crea bajo la responsabilidad de actores públicos, al involucrar reglas e instituciones que promuevan una optimización del espacio a partir de sus oportunidades y restricciones. Sin embargo, no son solo se trata de reglas para diseñar, zonificar y definir procedimientos, si no que también de una interrelación y alcance entre dichas reglas y los actores públicos y privados, que materializan estos programas y proyectos para incentivar una organización responsable del territorio.

Analizando Bogotá

Cuando hablamos de Bogotá a nuestra mente se viene la palabra caos, siendo la capital del país es evidente que se encuentra en constante crecimiento pero lamentablemente no ha sido un crecimiento premeditado ni ordenado.  Y es que el desarrollo urbanístico no solo se trata de densificar o expandir de manera desorbitada. Realmente se trata de hacerlo de manera consciente para promover una cultura donde los habitantes reciban lo mejor, y de esta misma manera se sientan la responsabilidad de dar lo mejor a la ciudad.

Desde hace un tiempo, en Colombia se ha buscado consolidar procesos de urbanización con grandes cambios en los Gobiernos y en los instrumentos para la gestión y transformación urbana. Sin embargo, se ha mantenido la posibilidad de modificaciones en las políticas de bienes y servicios urbanos por cada periodo de mandato existente en cada ciudad. Esto a generado limitaciones y restricciones tanto en el sector público como en privado, dadas las diferencias entre cada mandato sobre los planes de construcción y desarrollo del territorio. Y  si bien existen planes parciales que buscan integrar y regular normas distritales y nacionales, los gobiernos locales siguen siendo responsables de aprobar sus planes de ordenamiento territorial y procedimientos.

Bogotá

Un claro ejemplo puede verse entre las últimas dos Alcaldía de Bogotá donde se crearon decretos diferenciales entre ellos. En el primero se creó el decreto 562 donde se permiten alturas y un mayor índice de ocupación territorial, llevando esto a cumplir el propósito de densificación. Con el siguiente mandato se planteó un cambio a partir del decreto 621 que se enfoca en la expansión del territorio con alturas más limitadas pero dejando antejardines y cesiones en sus construcciones. Y si bien es un tema interesante, el punto no es discutir sobre cada Alcaldía sino sobre lo que los cambios entre sus políticas generan. En ciudades como Bogotá con una alta densidad de población, lo que hace falta es una planeación pensada en el futuro y no en intereses gubernamentales. No esta mal querer densificar o expandir, la clave es tener una consistencia con los años para tener un desarrollo coherente.

Nuestra problemática

La falta de continuidad en las normas no permite que el desarrollo de la ciudad se lleve a cabo de manera ordenada, ya que se desarrollan planes a corto plazo y no una implementación a mediano y largo plazo que sea sostenible. Cuando el  foco es densificar, la falta de tiempo deja de lado temas importantes como lo son la infraestructura y el alcantarillado; cuando el foco es la expansión del territorio, los cortos periodos no permiten una mejoría en las vías y generan complicaciones de movilidad. Las normas creadas tanto a nivel general como a nivel específico para enfrentar los problemas urbanos de una ciudad como Bogotá, no han logrado dar unos resultados satisfactorios. No se ha llevado a cabo una planeación territorial general pensada en el bienestar a corto, mediano y largo plazo de la ciudadanía, y de la transformación de su entorno.

Y si bien esta cambiante en las normas es una de las principales razones por las que varios planes se ven limitados y retrasados, también es importante tener en cuenta que todos los procesos que se deben llevar a cabo para que estas obras culminen son largos y tediosos. Como lo hemos mencionado, las normas nacionales y distritales buscan cubrir múltiples aspectos  del desarrollo urbano. Sin embargo, es importante recordar que para su cumplimiento intervienen diferentes gestores y promotores tanto a nivel público como privado. Las reglas nacionales se han enfocado en expandir normas y procesos para asegurar el desarrollo y delimitar los alcances de las figuras de poder. Lamentablemente esto solo ha llevado a reprocesos de ida y venida que requieren mucho detalle, y que han generado complicaciones y retrasos en diferente trámites excediendo sus tiempos promedio de construcción.

Con la mira en otros países 

Caso Chile

Chile es un gran ejemplo a nivel de Latinoamérica sobre el desarrollo urbanístico, ya que su planificación de enfatiza en la regulación y el equilibrio entre diferentes áreas manteniendo una consistencia con el paso de los años. Su base principal es la sostenibilidad pero también se han enfocado en la preservación de centros históricos, la protección del suelo, la regulación de construcciones, y finalmente, la satisfacción de las necesidades de los habitantes por sector. Esto lleva a lograr una dinámica en la ciudad con proyectos de inversión y desarrollo coherentes con sus políticas, constantes en cuanto a desarrollo y estables en el tiempo. Sus principales bases de construcción, en su mayoría enfocadas en sostenibilidad, los han llevado a una planificación urbana con bajas emisiones de carbono, ahorro de agua y energía, transporte sostenible, construcciones verde y economía circular así como un desarrollo urbano inteligente. Un gran ejemplo de cómo la consistencia ha llevado a la coherencia.

Caso España

 Una de las cosas que hace a este país tan atractivo a nivel turístico es el uso mixto de los terrenos y de los locales. Los primeros pisos de sus edificios permiten ser usados como locales haciendo agradable el recorrido por sus calles. La posibilidad de expandir el comercio por toda la ciudad ayuda al tráfico de peatones y carros con un amplio recorrido. En otras ciudades como Bogotá los primeros pisos de los edificios no tienen una visual y generalmente cuentan con portería o antejardines con rejas. Adicionalmente su comercio se concentra en un solo punto o en grandes centro comerciales generando a su alrededor grandes fuentes de tráfico. Las ciudades planeadas para el futuro permiten del comercio un recorrido que le da belleza física a sus calles, seguridad y transparencia a su paso. Del mismo modo, disminuye la necesidad de movilizarse siempre en carro por la ventaja que da el hecho de tener variedad de ofertas en la cercanía de cada barrio. Esto demuestra como el desarrollo urbanístico debe ser pensado de manera general para aportar a la ciudad, no solo construcciones para sus habitantes, sino para el bienestar de los mismos.

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